En su afán constructor, sólo comparable al de los Fragel, el pueblo español estaba embarcado en su más ambicioso proyecto, que una ardilla pudiese atravesar la península ibérica de norte a sur y de este a oeste saltando de tejado en tejado. Sin embargo, llegó un día en que un grupo de gente, antipatriotas, dejaron de comprar viviendas. A partir de ese momento, comenzó la cuenta atrás para el estallido de la burbuja.
